“No hay que ser bueno, hay que ser feliz” No entiendo el título…

No hay que ser bueno, hay que ser feliz-Blog de Beatriz Lecuona

 

El otro día me llegó el siguiente mensaje: “La felicidad permanente no puede entenderse ni vivirse en una sociedad híper materialista. Si ni siquiera se da en la naturaleza, ¿por qué ha de ser nuestro objetivo? Y aunque lo fuera, ¿por qué no se puede ser bueno a la vez?” (Enviado por Raúl S. de Madrid, seguidor en las redes sociales)
No es la primera vez que me preguntan por el título de esta obra, así que queriéndolo aclarar a mis lectores, he recogido su reflexión para responder, esperando satisfacer a todos aquellos a quienes se les haya despertado la misma curiosidad.
Antes de nada, me gustaría comentar, para quién aún no lo sepa, que “No hay que ser bueno, hay que ser feliz”, es un libro de psicología que trata sobre la dependencia emocional. Los motivos principales de haberlo escrito, han sido dos: el primero, aportar algo de luz a este apasionante tema ya que observé que tanto por la parte clínica como académicamente estaba muy poco estudiada y documentada. En segundo lugar, por la prevalencia tan elevada de dependencia que existe hoy en día en nuestra sociedad actual: más del 50% de la población la padece en un grado alto o muy alto, provocando mucho sufrimiento.
El desconocimiento de las claves para relacionarnos con los demás de forma saludable y beneficiosa, ha provocado que desarrollemos “estrategias de supervivencia” como el uso de manipulaciones, chantajes y enredos emocionales, que dificultan seriamente la forma en la que nos vinculamos con los demás. Como explico en el libro, en mis conferencias y en las formaciones que imparto, la manera en la que hemos sido educados, la sociedad y la cultura en la que hemos crecido, han afectado de manera negativa sobre algunas cuestiones tan importantes como la autoestima, el merecimiento y la culpa irracional. Estos temas troncales y tan fundamentales, son necesarios para ir equipados por la vida, es decir, para poder hacerle frente de la forma más sana y productiva posible, por lo cual los trato de lleno en esta obra.
Basándome en mi experiencia personal y en los numerosos casos que he tratado en consulta a lo largo de mi carrera profesional, he comprobado que un porcentaje muy elevado de personas no saben gestionar correctamente sus emociones. Uno de los factores que tienen en común, es que no poseen una buena autoestima, no se sienten merecedoras de las mejores oportunidades y sufren, una gran parte del tiempo, un inmenso dolor emocional al sentir culpa por asuntos que no son de su responsabilidad.
Para intentar ilustrarlo mejor, voy a contar un hecho real que me ocurrió cuando tenía 6 años. Muchas personas podrán encontrar muchas similitudes en sus propias vivencias. Recuerdo que esas Navidades recibí por Reyes una muñeca especial: era un gran busto femenino, de larga melena y enormes ojos. El artículo venía junto con un enorme set de maquillaje y peluquería. Yo no podía creérmelo, lo ansiaba desde hacía mucho tiempo y, por fin, lo tenía en mis manos. ¡Estaba rebosante de felicidad! Al abrir el paquete me entusiasmé muchísimo. En lo único que podía pensar era en estrenar la muñeca y jugar con ella. Pero poco me duró la alegría; no pude disfrutarla en ese momento, porque la costumbre en casa era la de ir a visitar a los abuelos, los tíos y los primos la mañana de Reyes. En el transcurso de ese día, yo tenía la mente puesta en mi regreso a casa para poder jugar con mi regalo soñado; ya imaginaba el peinado, el color que le pondría de sombra de ojos… Sin embargo, no volvimos hasta la noche. Cuando nos disponíamos a entrar en casa, una vecina nuestra, una niña más pequeña que yo, quiso pasar a curiosear lo que nos habían dejado. Al ver mi muñeca, se abalanzó sobre ella, arrebatándomela de las manos al tiempo que me preguntaba: “¿me la dejas?, ¿me la dejas?“ – ¡Yo protesté! Estaba rabiosa, se la quité en cuanto pude y nos enzarzamos en una discusión. Mi madre, al escuchar voces, acudió a mediar. Al ver la escena, me regañó duramente. Me dijo que había sido una maleducada, que las cosas debían de prestarse, a la vez que me quitaba la muñeca de mis manos para entregársela a María que, para colmo, se me quedó mirando con cara de haberse salido con la suya. Nunca olvidaré su rostro ni aquél día.
Me gustaría aclarar que mi madre ha sido siempre una persona maravillosa e involucrada en nuestra formación y no la puedo responsabilizar de estas costumbres, ella lo hacía por nuestro bien, tratando de educarnos en ser buenas personas y generosos. Muchos de los criterios sociales y culturales que hemos aprendido para adquirir unos valores éticos, pueden generar serias secuelas en nuestra autoestima que, sin duda, se manifestarán en la edad adulta, en forma de miedos e inseguridades.
Aunque esto no deja de ser una anécdota, puedo asegurar que guardo un gran repertorio de vivencias muy parecidas a lo largo de toda mi infancia. Con esta experiencia pretendo explicar el daño que este tipo de gestos puede llegar a provocar en la edad adulta. Situaciones como la que acabo de describir, producen una interpretación errónea en nuestro subconsciente. Se genera una creencia limitante, en la que nos insta a pensar que los demás son más importantes que uno mismo y merecen prioridad: si no cedo en el deseo del otro y me antepongo, soy una egoísta y me sentiré tremendamente culpable porque estaría haciendo algo malo. Como explico en el libro, estos dogmas inconscientes rigen nuestras vidas generando mucho dolor emocional, especialmente cuando entran en conflicto con el sentido común.

¿Es que mi felicidad implica ser mala persona? ¿Acaso no es posible ser ambas cosas al mismo tiempo: bueno y feliz?

A medida que el lector vaya avanzando por los diferentes capítulos de la obra: “No hay que ser bueno, hay que ser feliz”, podrá ir encontrando técnicas para identificarlos, pero sobre todo recursos para aprender a solucionar y gestionar situaciones complicadas del día a día.
La educación que hemos recibido, y que ha contribuido a desarrollar la identidad de ser “buena persona”, es a su vez la que nos boicotea en algunas ocasiones. Por eso el título que he elegido para mi libro pretende llamar al despertar de esta trampa, identificando y no permitiendo el abuso de quienes intentan someternos: para que aprendamos a poner límites, para darnos nuestro sitio, como por ejemplo, diciendo “no” cuando corresponda, sin sentirnos culpables.
Confío en haber aclarado que mi libro no trata de una apología a ser mala persona, de hecho en la propia introducción explico que, para poder ser feliz además de bueno, uno debe quererse primero.
Si el artículo te ha gustado, deseas comentarme alguna duda del libro, hacerme llegar alguna opinión o compartir conmigo alguna experiencia personal, te invito a que me envíes tu mensaje a info@beatrizlecuona.com

Deja un comentario

error: Este contenido está protegido

Descubre más desde CAMPUS Beatriz Lecuona

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Recibe las novedades y promos

Únete a nuestra comunidad de Whatsapp

Quedadas virtuales, debates de psicología, recursos y más.

whatsapp logo png
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad