
Hay relaciones de pareja que se establecen mediante una codependencia emocional: una parte cumple el rol de salvador, es una persona que vive para ayudar a los demás; la otra, sin embargo, siempre pide ayuda, y cada vez precisa más de la primera para solucionar los asuntos. Entre ambos se establece una simbiosis y una relación de dependencia total que no es nada sana y que hay que evitar, ya que crea dolor y sufrimiento.
En los casos de codependencia, ambas partes tienen personalidades dependientes emocionales y una baja autoestima: se necesitan y se nutren del otro, se atraen y se complementan. Consiste en una adicción a la dependencia de la otra persona. Se sienten muy responsables de los sentimientos de su pareja, y se vuelcan en la parte emocional, a costa de la racional.
Esta relación no se da solo en la pareja, también puede surgir en otros ámbitos, como, por ejemplo, en el caso entre una madre y su hija.
Necesidad de sentirse útil e importante
Hay personas que en su mentalidad siempre está ayudar a los demás, quizá por cubrir vacíos que no han sido satisfechos en la infancia o por una necesidad de aprobación. Sin quererlo, van buscando a las personas que precisan ser salvadas, para brindarles su apoyo y sus consejos, porque así es como se sienten realmente bien, sintiendo que controlan la situación. En grados extremos, incluso llegan a minar la autoestima de la otra parte, para destacar en su papel de salvador.Por ello, sufren una irremediable atracción o simpatía por personalidades desvalidas, que precisan ayuda y protección, y se emparejan con ellas. Les resulta complicado poner límites y suelen perdonarlo todo, pues tienen pánico a ser rechazados.
Cuando la relación no sale bien, se sienten utilizados, frustrados, y se consideran víctimas, porque lo han dado todo por la otra persona (aparecen los reproches), y sienten que su vida está vacía sin la otra parte.
Con el paso de los años, la relación simbiótica se va volviendo más intensa, con un mayor grado de involucración y de compromiso entre ambos. El salvador se empodera y el desvalido se somete cada vez más.
Ceder responsabilidades y decisiones te anula
La personalidad desvalida está deseando que la ayuden desde el principio, pues su autoestima es muy pobre y necesita alguien que le preste toda su atención y que le auxilie de forma sistemática. Va perdiendo su autonomía y su independencia de forma progresiva, cediéndole responsabilidades y decisiones, cada vez con mayor frecuencia y para más asuntos. Es algo que te acaba anulando como persona.El auxiliador también es codependiente, necesita a la otra parte para sentirse útil, importante, valioso y poderoso. Así se siente realizado y refuerza su propia autoestima. Pretende agradar y sentirse buena persona, es lo que prima en su personalidad.
Con el paso de los años, la relación simbiótica se va volviendo más intensa, con un mayor grado de involucración y de compromiso entre ambos. El salvador se empodera y el desvalido se somete cada vez más.
Diferencia entre dependencia y codependencia
La principal diferencia entre la persona dependiente y la codependiente emocional es que la primera necesita a su pareja y la segunda precisa protegerla y preocuparse por ella. El gran problema surge cuando esto no se realiza de manera altruista, sino para potenciar la dependencia.La codependencia no es sana y hay que evitarla, ya que ambas partes acaban perdiendo su propia identidad.