El complejo de culpa lo hemos sufrido todos alguna vez. Es fácil, por ejemplo, dispararse en medio de una discusión (con tu pareja, tus hijos, tus padres, tus amigos o tu jefe), porque crees que tienes toda la razón. Pero van pasando las horas, recapacitas y sientes un desasosiego cada vez más desagradable, porque empiezas a tener serios remordimientos y, al final, cargas tú con toda la culpa. Descubre a qué se debe esta emoción, y aprende a diferenciar la culpa positiva de la negativa, que es muy destructiva.
El complejo de culpa es una de las emociones más fuertes que existen, y te puede llegar a hacer sentir francamente mal, repercutiendo de por vida en las relaciones que tienes con las persona a la que te has enfrentado o que supuestamente has hecho daño. Incluso hay relaciones que simplemente se acaban por una sensación de culpabilidad que surge en un momento dado.
La culpa racional es positiva
Esta emoción se activa cuando nos damos cuenta de que hay una tercera persona que ha resultado perjudicada por nuestros actos u opiniones. Se debe a una contradicción que surge entre el comportamiento y el sistema de valores y de principios que tenemos integrados.
Cabe diferenciar dos tipos de culpa:
- La culpa positiva: que nos ayuda a reflexionar y a intentar reparar un daño que hemos cometido.
- La culpa negativa: cuando una vez que hemos pasado la etapa de reflexión y reparación, seguimos con el mismo malestar.
La culpa negativa es irracional y destructiva
En el caso de la culpa negativa, la emoción ha dejado de cumplir con su misión y se ha transformado en un sentimiento, se prolonga en el tiempo y tergiversa nuestros pensamientos. Entonces deja de representar un papel educador, y nos puede fustigar de manera cruel y obsesiva, entrando en un estado de bucle que, sin lugar a duda, repercute en nuestro estado de ánimo.
Este complejo de culpa es destructivo, irracional y muy perjudicial: limita y bloquea, desestabiliza, puede generar ansiedad, depresión e infelicidad, hasta te impide encontrar la paz interior.
Este complejo de culpa es destructivo, irracional y muy perjudicial: limita y bloquea, desestabiliza, puede generar ansiedad, depresión e infelicidad.
Alteraciones físicas y psicológicas
Es posible que la culpabilidad altere la salud, provocando dolor en el pecho, en el estómago, en la cabeza, contracturas, pesadez de hombros e insomnio.
Por otra parte, genera alteraciones psicológicas, provoca pensamientos negativos reiterados, de autocastigo, de autoagresividad y de vergüenza, entre otros muchos.
Aprender a gestionar la culpa y a liberarnos de ella es fundamental para nuestra autoestima, ya que la irracional impide la autodignidad y la autoaceptación. Es como si tuviéramos un juez injusto en nuestro interior, y no nos lo merecemos.