Cómo decir “no” cuando te piden un favor, sin sentir remordimientos ni culpabilidad

Cómo decir “no” cuando te piden un favor, sin sentir remordimientos ni culpabilidad - Blog de Beatriz Lecuona

 

Piensa cuántas veces te has sentido obligado a hacer favores que te perjudican, te han invitado a cenas o fiestas a las que no quieres ir o has quedado con personas que detestas, sabiendo de antemano que no vas a disfrutar, o has invertido en los demás un tiempo que no tienes para ti y has dicho rápidamente “sí” cuando realmente sabías que debías decir “no”. Aprende a ser sincero cuando no quieres hacer un favor, te puedes ganar el respeto de los que te rodean y evitarás a las personas tóxicas que abusan de ti.

El ser humano es un ser social por naturaleza, precisa de los demás para sobrevivir y tiende a ser empático y a ayudar cuando otra persona lo necesita. Existe una inercia positiva a colaborar de forma mutua, porque genera gratificaciones personales.
Las relaciones sociales son vitales para conseguir la felicidad, pues todos precisamos la aceptación y el aprecio de los demás. Y esto es precisamente lo que nos lleva a decir “sí”, cuando nos piden un favor, en vez de decir tajantemente “no”, que es lo que estamos deseando.
Si nos negáramos a realizar sistemáticamente favores a todo el mundo, no podríamos esperar que nadie moviera un dedo por nosotros, y eso tampoco es bueno, pues es muy probable que, en algún momento importante de la vida, precisemos la ayuda incondicional de otra persona.

Marcar los límites para que no se produzcan abusos

Igual que deseamos que los demás se muestren solidarios con nosotros, debemos responder con el mismo sentido de solidaridad, pero siempre en la medida que sea posible, que no nos suponga un problema y que no nos desborde.
Ser sinceros con los demás y con nosotros mismos es una manera de evitar a la gente que abusa de ti y resulta tóxica. En función del trato que recibas, aprenderás a limitar tu generosidad, rodeándote de la gente que se preocupa por ti y que te trata bien y alejándote de la que no te aprecia ni te merece.
Hay unos límites que convienen distinguir entre ayudar y dejar que abusen de ti. Debes tener claro que, salvo en ciertas excepciones donde hay una responsabilidad moral, como en el caso de un familiar enfermo, por ejemplo, no estamos obligados a ayudar a nadie. Se trata de un acto totalmente altruista, donde la única motivación es querer hacerlo.

Cómo decir “no” sin sentir culpabilidad

Cuando sentimos que una persona cruza el límite y pasa a la zona del abuso, es cuando nos planteamos el gran problema de cómo decir “no” salvaguardando las relaciones y la amistad.
Como todo en esta vida, es algo que lleva un proceso: debe analizarse el contexto, las situaciones y las personas con las que suele ocurrir; valorar si nos apetece hacer el favor, si nos resulta una carga o un compromiso; tener un argumento claro que lo respalde (puede ser simplemente: no tengo tiempo o no me apetece, sin más); y practicarlo para no sentir remordimientos ni culpabilidad.
No obstante, igual que debes sentirte libre para decir “no”, has de ser comprensivo para recibir un “no” por respuesta cuando el favor lo pidas tú.

Cuándo hay que negarse a hacer un favor

Pero entonces, ¿cuándo hay que decir “no”? Debes plantearte tu negativa a ayudar cuando se trata de ciertas personas que te piden favores de forma sistemática, cuando ves que te intentan manipular, que te chantajean emocionalmente y te hacen sentir fatal para conseguir lo que quieren; cuando no te tratan bien ni te respetan o, precisamente, en los momentos que has pedido ayuda, nunca te han tendido la mano; y, por supuesto, cuando sabes que te va a perjudicar directamente.
Lo fundamental es que te preguntes si quieres hacerlo, si la otra persona te importa lo suficiente, qué va a suponer para ti, si se trata de alguien que te quiere, a quien le importas, o si es una persona tóxica.
No tenemos la obligación de estar disponibles las 24 horas del día para ayudar a los demás. Ni es una obligación para ti ni es un derecho de nadie, por lo cual debemos desterrar cuanto antes cualquier pensamiento de culpabilidad y la necesidad de dar un sinfín de explicaciones.

Los beneficios de decir “no” cuando te piden un favor

Aprender a decir que “no” y poner límites tiene muchos beneficios: ganarás respeto, los demás entenderán que no estás siempre disponible, te sentirás más seguro y tranquilo y, con la práctica, dejarás de sentir remordimientos.
Cuando alguien te pide ayuda, hay varios factores que te llevan a decir “sí”, incluso muy rápidamente, sin pensarlo, cuando realmente quieres decir “no”: por compromiso, por timidez, porque no quieres fallar a una persona próxima, por reciprocidad (te ha hecho varios favores y “no” le puedes dejar colgado), por el miedo al rechazo, porque crees que con el cartel de “siempre disponible” vas a ser más aceptado por los demás, o porque te sientes presionado y temes las críticas que te van a caer.
Pues no te engañes: decir que “sí” por miedo, pensando en las valoraciones ajenas, mina tu autoestima y produce inseguridad.

Las excusas, una forma de enredarte

Lo peor de todo es empezar a poner excusas y ver cómo te van dejando sin ellas, hasta que no tienes más remedio que aceptar, porque como no quieres ser directo, en tu argumentación vas dejando muchos flancos para rebatirlos y te vas enredando.
A veces, inventándonos excusas para no dañar a la otra persona, nos metemos en un jardín imposible de salir, porque los hipotéticos problemas que ponemos como excusa nos los solucionan, y ya queda mal decir que no nos apetece hacerlo.

Lo más recomendable es decir que “no” directamente (si es posible, con un buen argumento), mirando a los ojos, sin rodeos, y si te intentan llevar a su terreno, escuchar pacientemente sin decir nada más.

El refuerzo del lenguaje no verbal: mirar a los ojos

Por eso, lo más recomendable, si así lo has decidido, es decir que “no” directamente (si es posible, con un buen argumento), mirando a los ojos, sin rodeos, y si te intentan llevar a su terreno, escuchar pacientemente sin decir nada más. Tu negativa ya la tienen.

La expresión física, no verbal, es fundamental en estos casos, pues la seguridad y la determinación, aparte de con las palabras, se expresa con los gestos.
Se trata de decir que “no” de forma asertiva, sin rodeos. Si tienes un argumento claro, lo cuentas; y si simplemente te viene mal o no te apetece, lo dices, tampoco es preciso justificarte y dar explicaciones.

Los halagos interesados y el chantaje emocional

Una vez que cojas práctica, observarás las estrategias que usan los demás para convencerte, te halagarán de manera interesada e intentarán aprovechar tu puntos débiles. Si analizas las situaciones en las que te has sentido presionado, comprobarás que son determinados tipos de personas los que siempre te hacen sentir mal. Plantéate cuál es su intencionalidad y saca tus propias conclusiones para saber si te merece la pena sacrificarte por ellas.
Cuando te pidan un favor, no respondas inmediatamente: piénsalo, aprende a detectar las situaciones problemáticas para no meterte en líos, valora si es algo que te importa, si tienes tiempo y disposición, si te compromete a algo más y si esa persona merece la pena.
Diciendo que “no” a muchas personas interesadas y tóxicas que te piden favores y abusan de tu buena predisposición estarás más libre para decir “sí” y ayudar a la gente que realmente te interesa.

Deja un comentario

error: Este contenido está protegido

Descubre más desde CAMPUS Beatriz Lecuona

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Recibe las novedades y promos

Únete a nuestra comunidad de Whatsapp

Quedadas virtuales, debates de psicología, recursos y más.

whatsapp logo png
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad